dimecres, 23 de gener de 2013

Reflexions polítiques (amb Crist): els governants o la decadència absoluta de la política

"Aleshores Jesús s'adreçà a la gent i als seus deixebles i digué:
-Els mestres de la Llei i els fariseus s'han assegut a la càtedra de Moisès. Feu i observeu tot el que us diguin, però no actueu com ells, perquè diuen i no fan. Preparen càrregues pesades i insuportables i les posen a les espatlles dels altres, però ells no volen ni moure-les amb el dit. En tot actuen per fer-se veure de la gent: s'eixamplen les filactèries i s'allarguen les borles del mantell; els agrada d'ocupar el primer lloc als banquets i els primers seients a les sinagogues, i que la gent els saludi a les places i els doni el títol de rabí, o sigui mestre.
Però vosaltres no us feu dir rabí perquè de mestre només en teniu un, i tots vosaltres sou germans; ni doneu a ningú el nom de pare aquí a la terra. perquè de pare només en teniu un, que és del cel; ni us feu dir guies, perquè de guia només en teniu un, que és el Crist. El més important d'entre vosaltres, que es faci el vostre servidor. El qui s'enalteixi serà humiliat, però el que si s'humiliï serà enaltit."

                                                                                                            Mt, 23: 1-12

Aquestes paraules de Jesús són tremendament actuals. Evidentment, ara no podem referir-les a les autoritats jueves que recolzaven el poder tirànic de l'Imperi Romà, però sí que podem referir-les als nostres polítics que, dit sia de pas, també recolzen un poder supracomunitari com és la Unió Europea (i que també té molt de tirànic, si bé sota una apareça democràtica).

Efectivament, els polítics parlen molt de democràcia, igualtat, drets socials, solidaritat, etc. Però, igual que els mestres de la Llei i els fariseus dels temps de Jesús, només parlen i no prediquen amb l'exemple. Ja és greu que salvin bancs amb diners públics i no fagin res per aturar els desnonaments perpetrats per aquests mateixos bancs (més enllà d'unes mesures que no poden ser definitives, i empesos per la pressió social més que per la convicció). Però això, malauradament, és el corrent econòmic actual que està seguint l'Occident decadent i capitalista (tot i que aquest matís no els en lleva llur responsabilitat).

El pitjor és que no renunciin als seus privilegis, als seus sous astronòmics, a les seves dietes, a les seves pensions guanyades amb menys de la meitat d'anys cotitzats que la resta d'espanyols, a despeses innecessàries en actes purament protocolaris, en regalets estúpids de Nadal, i un llarg i desesperant etc. Per no parlar, òbviament, de la nombrossísima corrupció política que afecta a tots els grans partits.

Sembla com si els anys no haguessin fet evolucionar la mentalitat dels governants (només les formes de govern). Fins que els polítics no es dediquin a la política per autèntic patriotisme altruístic i regint-se pels valors cristians, seguiran sent una casta social al marge de la resta de la societat.

Prou d'hipocresia i falsetat. Si el poble pateix degut a la situació política (i a les mesures que imposen els polítics), els governants han de patir les mateixes conseqüències de llurs decisions que pateixen els ciutadans. Potser llavors les seves decisions no serien tan dures. Potser trobarien altres mesures.

Prou de privilegis. Prou de corrupció. Prou d'ostentació. Prou de no carregar amb les conseqüències dels propis actes. Els governants no poden ser aliens al sofriment de llur poble. Com podem confiar en uns governants que estàn totalment desvinculats del sofriment popular i que tenen uns interessos propis?

dissabte, 19 de gener de 2013

Reflexiones literarias (con Herman Hesse): Caín y la mentira moral

"-No necesitas fingir, amigo. Pero esa historia es verdaderamente muy rara, mucho
más que la mayoría de las que se tratan en clase. El profesor no ha dicho mucho; sólo lo
habitual sobre Dios y el pecado, y todo eso. Pero yo creo...
Se interrumpió sonriendo y me pregunto:
-Oye, ¿pero esto te interesa? Pues yo creo -continuó- que la historia de Caín se puede
interpretar de manera muy distinta. La mayoría de las cosas que nos enseñan son
seguramente verdaderas, pero se pueden ver desde otro punto de vista que el de los
profesores y generalmente se entienden entonces mucho mejor. Por ejemplo, no se
puede estar satisfecho con la explicación que se nos da de Caín y la señal que lleva en
su frente. ¿No te parece? Que uno mate a su hermano en una pelea, puede pasar; que
luego le dé miedo y se arrepienta, también es posible; pero que precisamente por su
cobardía le recompensen con una distinción que le proteja y que inspire miedo, eso me
parece muy raro.
-Sí, es verdad -dije interesado. El asunto empezaba a intrigarme-. ¿Pero cómo vas a
interpretar si no la historia?
Me dio una palmada en el hombro.
-¡Muy sencillo!El estigma fue lo que existió en un principio y en él se basó la historia.
Hubo un hombre con algo en el rostro que daba miedo a los demás. No se atrevían a
tocarle; él y sus hijos les impresionaban. Quizás, o seguramente, no se trataba de una
auténtica señal sobre la frente, de algo como un sello de correos; la vida no suele ser
tan tosca. Probablemente fuera algo apenas perceptible, inquietante: un poco más de
inteligencia y audacia en la mirada. Aquel hombre tenía poder, aquel hombre inspiraba
temor. Llevaba una «señal». Esto podía explicarse como se quisiera; y siempre se
prefiere lo que resulta cómodo y da razón. Se temía a los hijos de Caín, que llevaban
una «señal». Esta no se explicaba como lo que era, es decir, como una distinción, sino
como todo lo contrario. La gente dijo que aquellos tipos con la «señal» eran siniestros; y
la verdad, lo eran. Los hombres con valor y carácter siempre les han resultado siniestros
a la gente. Que anduviera suelta una raza de hombres audaces e inquietantes resultaba
incomodísimo; y les pusieron un sobrenombre y se inventaron una leyenda para
vengarse de ellos y justificar un poco todo el miedo que les tenían. ¿ Comprendes?
-Sí, eso quiere decir que Caín no fue malo. Entonces, ¿toda la historia de la Biblia es
mentira?
-Sí y no. Estas viejas historias son siempre verdad, pero no siempre han sido
recogidas y explicadas como debiera ser. Yo pienso que Caín era un gran tipo y que le
echaron toda esa historia encima sólo porque le tenían miedo. La historia era
simplemente un bulo que la gente contaba; era verdad sólo lo referente al estigma que
Cain y sus hijos llevaban y que les hacían diferentes a la demás gente.
Yo estaba asombrado.
-¿Y crees que lo del asesinato no fue tampoco verdad? -pregunté emocionado.
-¡Oh, sí!Seguramente es verdad. El más fuerte mató a uno más débil. Que fuera su
hermano, eso ya se puede dudar. Además, no importa; a fin de cuentas, todos los
hombres son hermanos. Así que un fuerte mató a un débil. Quizá fue un acto heroico,
quizá no lo fue. En todo caso, los débiles tuvieron miedo y empezaron a lamentarse
mucho. Y cuando les preguntaban: «¿Por qué no le matáis?», ellos no contestaban,
«porque somos unos cobardes», sino que decían: «No se puede. Tiene una señal. ¡Dios
le ha marcado!» Así nació la mentira. Bueno, no te entretengo más. ¡Adiós!"
                                          HERMAN HESSE (2008) Demian, Ed. Tomo, México DF, pp 49-52

Este fragmento absolutamente nietzscheano nos muestra una contrainterpretación de la historia de Caín que relata el Libro del Génesis. Max Demian le cuenta a Emilio Sinclair que la interpretación que se ha dado a la historia de Caín y su hermano Abel es una visión interesada realizada por los débiles. Esta crítica a la moral cristiana, que podemos encontrar en el libro La Genealogía de la moral de Nietzsche, consiste en argumentar que los valores morales aceptados tradicionalmente en Occidente (que no son otros que los valores cristianos) han sido presentados como absolutos por los débiles a consecuencia de su misma debilidad. Por ejemplo, la igualdad esencial de todos los hombres y el corolario de que somos todos hermanos, sólo interesa a los débiles. A éstos les interesa que los fuertes les vean como hermanos, ya que su debilidad les impide realizar cualquier acto sin la aprobación de los fuertes. Los débiles dicen: "hay que amarse porque es lo correcto, puesto que Dios así nos lo enseña". Según el nihilisma nietzscheano que Hesse pone en boca de Demian, la realidad es otra: los débiles hacen creer a los fuertes que todos son hermanos para evitar que los fuertes les opriman. La solidaridad y la fraternidad no interesan más que a los débiles. Un fuerte cristiano, o socialista, es un alienado de su propia condición mediante el engaño.

Así, no hay un Bien, ni una Verdad: ambos no son más que prejuicios interesados de un determinado grupo social. Se ha impuesto la moral de los débiles (los esclavos, que decía Nietzsche) porque éstos han sido más listos que los fuertes. Pero no porque la solidaridad, la fraternidad, el amor al prójimo y el altruismo sean valores absolutas enseñados por Dios.


Esta crítica, tan brillante como perniciosa, es totalmente incuestionable si no contamos con la existencia de Dios. Así, un ateo que defienda los valores cristianos jamás podrá dar una razón última de la validez de sus valores. Ya hablamos de ello en otro artículo. Sin Dios, todo asunto depende única y exclusivamente del hombre. Y ningún hombre puede ser tan arrogante para afirmar que su razonamiento está por encima del razonamiento de otro hombre igualmente preparado y razonable. Así, Hitler no sería peor que Marx, ni Gandhi mejor que Stalin. Si no hay Dios, no hay valores absolutos y, por lo tanto, todo es relativo. Bienvenidos al relativismo postmoderno, el mayor síntoma del fracaso estrepitoso de la sociedad occidental, que ha renunciado a su más valioso tesoro espiritual: la religión cristiana.

dimecres, 9 de gener de 2013

Reflexiones literarias (con Dante): el Mal en el mundo.



“<<El mundo por completo está desierto
de cualquiera virtud, como tú dices,
y de maldad cubierto y agravado;

mas la razón te pido que me digas,
tal que la vea y que la enseñe a otros;
que a la tierra o al cielo lo atribuyen>>

Un gran suspiro que acabó en un ¡ay!
lanzó primero; y luego dijo: <<Hermano,
el mundo es ciego, y tú de él has venido.

Cualquier causa achacáis los que estáis vivos
al cielo, igual que si moviese todas
las cosas él obligatoriamente.

Destruido sería así en vosotros
El libre arbitrio, y no sería justo
dar la alegría al bien, y al mal dar luto.

El cielo inicia vustros movimientos;
no digo todos, mas aunque lo diga,
una luz para el bien o el mal os dieron,

y libre voluntad; que si se cansa
en el primer combate contra el cielo,
luego lo vence si bien se sustenta.

A mayor fuerza y a mejor natura
libres estáis sujetos; y ella cría
vuestra mente, en que el cielo nada puede.>>”

Y por esto, si el mundo es descamina,
la causa que buscáis está en vosotros:
y verdaderamente he de explicártelo.”

            DANTE ALIGHIERI, Divina Comedia (El Purgatorio, canto XVI, versos 58-84)

 Dante se encuentra en el Purgatorio y está conversando con Marco de Lombardía, a quien le pregunta por la causa de la presencia del Mal en el mundo. Este tema es una de las cuestiones candentes de la religión católica, pese a que ha sido tratada magistralmente por diversos autores, como San Agustín o Juan Donoso Cortés.

El Mal no puede ser causa de Dios, puesto que Éste es perfecto y, por lo tanto, infinitamente bueno. Mas Dios no sería infinitamente bueno si no hubiera dotado al hombre de aquello más preciado por éste a lo largo de los siglos: la Libertad. El hombre ansía ser libre, es parte de su idiosincracia y no puede renunciar a su libertad. En esto, curiosamente, coinciden el catolicismo y el pensamiento marxista (pensemos, especialmente, en Sartre).

Todo ser humano es libre, esto es, puede elegir a voluntad qué hacer, y es libre de hacer tanto el Bien como el Mal. Si Dios nos hubiese creado sin la capacidad de hacer el Mal, nos habría hecho esclavos de su voluntad. Pero no, Dios no quiso esto, sino que quiso que fuéramos libres y que hacer el Bien saliera directamente de nuestro corazón. Inspirados por sus dictámenes, sí, pero siendo la decisión última enteramente nuestra.

Así, el Mal en el mundo es causa del hombre y su libertad. Nunca causa de Dios. Por eso San Agustín decía que el Mal es el alejamiento de Dios.  Por eso Dante, por boca de Marco, dice que si el mundo está lleno de maldad, la causa es el ser humano.

dijous, 3 de gener de 2013

Reflexiones filosóficas (con Heidegger): el "uno" o el dominio de la mentalidad.

"En cuanto cotidiano "ser uno con otro" está el "ser ahí" bajo el señorío de los otros. No es él mismo, los otros le han arrebatado el ser. El arbitrio de los otros dispone de las cotidianas posibilidades de ser del "ser ahí". Mas estos otros no son determinados. Por lo contrario, puede representarlos cualquier otro. Lo decisivo es sólo el dominio de los otros, que no es "sorprendente", sino que es desde un principio aceptado, sin verlo así, por el "ser ahí" en cuanto "ser con". Uno mismo pertenece a los otros y consolida su poder. "Los otros", a los que uno llama así para encubrir la peculiar y esencial pertenencia a ellos, son los que el cotidiano "ser uno con otro" "son ahí" inmediata y regularmente. El "quien" no es éste ni aquél; no uno mismo, ni algunos, ni la suma de otros. El "quien" es cualquiera, es "uno". (...) La publicidad lo oscurece todo y da lo así encubierto por lo sabido y accesible a todos.
(...) El "uno" es en y por todas partes (...). Por simular el "uno" todo juzgar y decidir, le quita al "ser ahí" del caso la responsabilidad.
                           MARTIN HEIDEGGER (2001) El ser y el tiempo, FCE, Madrid, pp 143-144
Si traducimos "ser ahí" por hombre (y mujer) y "uno" por "opinión pública" podremos ver fácilmente la enorme actualidad de este fragmento de Heidegger. El filósofo alemán nos explica que el ser humano tiene sus opiniones y concepciones habituales controladas por la opinión pública, siendo ésta producto del efecto de los medios de comunicación. Así, el ser humano que no lleva una existencia autèntica (es decir, que no piensa realmente por sí mismo ni toma sus propias decisiones) está dominado por "lo que se dice". Este es el origen de todos los tópicos sociales y políticos que se aceptan sin ningún tipo de crítica por el ciudadano.
Un buen ejemplo de ello son los tópicos de la inmigración. Por ejemplo, decir que los inmigrantes vienen a robar, o que empobrecen el sistema sanitario. Lo inauténtico no es, en sí mismo, afirmar tal cosa, sino afirmarla por el mero hecho de que es "lo que se dice" o porque "todo el mundo lo sabe" sin preocuparse mínimamente de informarse por uno mismo.
Otro ejemplo: los nacionalistas españoles que, ante el problema catalán, se limitan a repetir el discurso de "que se vayan" sin medir lo que están diciendo, sin informarse de las consecuencias ni de si hay realmente motivos para decir eso. Por no hablar de los que insultan a Cataluña y su lengua.
Lo mismo podríamos decir de los que se manifestaron en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut sin haberse leído siquiera ni el Estatut ni la sentencia. O los que se lanzan a la calle contra la LOMCE alegando que margina el catalán también sin haber leído la ley.
Lo inauténtico no es coincidir con el "uno". Lo inauténtico es aceptar lo que dice el uno sin crítica ni un proceso informativo y reflexivo propio.
El "uno" afecta a todos los sectores sociales y a todas las ideologías. No hay ningún sector social ni político más auténtico que otro. Solo hay individuos auténticos e inauténticos. Esta propiedad del ser humano es idiosincrático de la postmodernidad. Pero hay que luchar contra ello. Hay que ser uno mismo, pensar por sí mismo y decidir por sí mismo. Sea cual sea ese pensamiento y esa decisión, y aunque todos los que nos rodean digan lo contrario.

dimecres, 2 de gener de 2013

Reflexions literàries (amb Joan Maragall): vida i mort

"Si el món ja és tan formós, Senyor, si es mira
amb la pau vostra a dintre de l’ull nostre,
què més ens podeu dar en una altra vida?

Però estic tan gelós dels ulls, i el rostre,
i el cos que m’heu donat, Senyor, i el cor
que s’hi mou sempre… i temo tant la mort!

Amb quins altres sentits me’l fareu veure
aquest cel blau damunt de les muntanyes,
i el mar immens, i el sol que pertot brilla?
Deu-me en aquests sentits l’eterna pau
i no voldré més cel que aquest cel blau.

Aquell que a cap moment li digué “-Atura’t”
sinó al mateix que li dugué la mort,
jo no l’entenc, Senyor, jo, que voldria
aturar a tants moments de cada dia
per fe’ls eterns a dintre del meu cor!…
O és que aquest “fer etern” és ja la mort?
Mes llavores, la vida, què seria?
Fóra, només, l’ombra del temps que passa,
i la il·lusió del lluny i del a prop,
i el compte de lo molt, i el poc, i el massa,
enganyador, perquè ja tot ho és tot?

Tant se val! Aquest món, sia com sia,
tan divers, tan extens, tan temporal:
aquesta terra, amb tot lo que s’hi cria,
és ma pàtria, Senyor: i no podria
ésser també una pàtria celestial?
Home só i és humana ma mesura
per tot quant puga creure i esperar:
si ma fe i ma esperança aquí s’atura,
me’n fareu una culpa més enllà?
Més enllà veig el cel i les estrelles,
i encara allí voldria ésser-hi hom:
si heu fet les coses a mos ulls tan belles,
si heu fet mos ulls i mos sentits per elles,
per què aclucà‘ls cercant un altre com?
Si per mi com aquest no n’hi haurà cap!
Ja ho sé que sou, Senyor; pro on sou, qui ho sap?
Tot lo que veig se vos assembla en mi…
Deixeu-me creure, doncs, que sou aquí.
I quan vinga aquella hora de temença
en què s’acluquin aquests ulls humans,
obriu-me’n, Senyor, uns altres de més grans
per contemplar la vostra faç immensa.
Sia’m la mort una major naixença!"
                       (JOAN MARAGALL, Cant espiritual)

El temor a la mort és una de les grans preocupacions humanes, inclòs per als cristians. Malgrat que el cristià sap que la mort no és el final, el pavor d'haver de deixar aquest món (que pot ser horrorós degut a la malvolença dels homes, però tan bell tal i com la divinitat el creà) envaeix tots els éssers humans.

La increïble bellessa del món i el caliu humà que poden arribar a tenir les relacions amb els altres (una tarda amb els amics, un sopar amb l'estimada, un recital de poesia, una bona audició musical) són els grans anclatges a la vida terrenal que, molt bé expressa Maragall, en algunes ocasions voldríem aturar certs moments per viure'ls eternament. Qui mai hagi volgut que un moment concret no s'acabés, és que no ha conegut l'autèntica felicitat.
 
Per tot això, el cristià finalment deixa de témer la mort: si el món és tan bell, com no haurà de ser-ho encara més l'altre món, l'eternitat en i amb Déu? Per això, la mort no és sino una segona naixença, més preuada i en un món més perfecte. Ara bé, sempre es farà difícil deixar aquest món. I encara més veure com el deixen els éssers estimats.