dissabte, 29 de desembre de 2012

Reflexiones filosóficas (con Unamuno): Fe y Razón.



“Filosofía y religión son enemigas entre sí, y por ser enemigas se necesitan una a otra. No hay religión sin alguna base filosófica ni filosofía sin raíces religiosas; cada una vive de su contraria.

(…)Toda posición de acuerdo y de armonía persistente entre la razón y la vida, entre la filosofía y la religión, se hace imposible. Y la trágica historia del pensamiento humano no es sino una lucha entre la razón y la vida, aquélla empeñada en racionalizar a ésta haciéndola que se resigne a lo inevitable, a la mortalidad; y ésta, la vida, empeñada en vitalizar a la razón obligándola a que sirva de apoyo a sus anhelos vitales.”

(MIGUEL DE UNAMUNO (2007) Del sentimiento trágico de la vida, Espasa Calpe, Madrid, pp 150-151)

Unamuno trata del eterno choque entre la Razón y la Fe. La Razón, manifestada en la filosofía, necesita encontrar una causa racional y lógica de todo cuanto examina. La Fe, manifestada en la religión, por el contrario, solamente necesita creer. Por definición, la Fe está más próxima a la vida que la Razón, puesto que tienen algo muy importante en común: su irracionalidad y misteridad intrínsecas. La Razón no puede abarcar todo el Ser, ya que hay cosas que se le escapan y no puede explicar (desde la causa del Big Bang hasta los anhelos más profundos del hombre).

Así, una vida totalmente racional se vuelve vacía y absurda: la Razón, en sí y por sí misma, no puede darnos un objetivo último e incuestionablea nuestra vida (¿por qué no este objetivo y no otro?) ni una pauta de comportamiento universal (¿por qué esto está bien?). Mediante la Razón, en efecto, podemos destruir toda finalidad y toda moral. Por ejemplo, la Igualdad esencial de todos los hombres puede ser refutada mediante la Razón. En cambio, si tenemos Fe en ella (la Igualdad esencial de todos los hombres es cierta porque así lo estableció Dios quien, además, se encarnó en un humilde y murió por todos los seres humanos), jamás podremos aceptar su refutación, por muy racional que ésta se nos antoje. Los principios morales sólo pueden ser sostenidos universalmente por la Fe, ya que para la Razón, que lo cuestiona todo, no son sino prejuicios.
No obstante, la Fe necesita de la colaboración de la Razón, puesto que una vida que sea solamente racional puede llegar a sentir que la arbitrariedad es excesiva. Por eso la filosofía y la religión se han dado la mano tantas veces (San Agustín, Santo Tomás, Descartes, Hegel y un larguísimo etc). El hombre necesita poder defender su Fe con argumentos racionales. Así, la Fe proporciona la Verdad y la Razón la sustenta, refuerza y justifica en parte.

Toda esta cuestión la plantea Unamuno en torno a lo que él considera la cuestión religiosa y filosófica más importante para el ser humano: la inmortalidad. Para Unamuno, pensar que después de la muerte no hay nada es tan absolutamente pavoroso que es necesario creer que el alma es inmortal y que el yo de la persona jamás desaparecerá. Racionalmente es absurdo y no tiene ninguna justificación racional. Pero vitalmente es imprescindible y, por lo tanto, la Fe en la inmortalidad es inexcusable para no sumirse en la desesperación existencial.

Mas la cuestión planteada anteriormente en torno a la moral, quizá sea más apremiante: ¿hay una moral absoluta, es decir, unos principios morales universales e incuestionables para todo tiempo y cultura? Más concretamente: ¿es la moral cristiana la única válida? Si decimos que sí, necesitamos de la Fe para sostener tal afirmación. Si no tenemos Fe, la Razón puede cuestionar todos los valores morales cristianos, e incluso refutarlos. Así, la Igualdad esencial de los seres humanos, el Amor como valor supremo, la fidelidad a una única pareja, la humildad, la obligatoriedad de ayudar al prójimo, el desinterés, la amabilidad y, en definitiva, el altruísmo más absoluto ya no serian los únicos valores aceptables. Es el viejo aunque actualísimo y apasionante debate con Nietzsche, con el nazismo como telón de fondo.