dimecres, 17 d’octubre de 2012

Contra la mentira del expolio fiscal


A lo largo de las últimas décadas, el nacionalismo catalán ha mutado su discurso. Como el discurso étnico-lingüístico no conseguía ganarse a la ciudadanía catalana, mayoritáriamente bilingüe con una importantísima presencia de castellanohablantes, progresivamente fueron edificando el discurso económico (el del supuesto “expolio fiscal”), que ha pasado a ser el argumento estrella a favor de la independencia del antiguo Principado. Discurso que se ha ganado a muchos castellanohablantes, bastantes de los cuales son originarios de otras tierras españolas. Y no hay que demonizar a los que se han pasado a las filas separatistas debido a este argumento, pues hay que reconocer que los independentistas han sabido aprovecharlo bien y que, sin someterlo a crítica, parece muy convincente. El argumento es el que sigue: Cataluña es la comunidad autónoma que más produce y más riqueza tiene. El Estado español obtiene muchísimo dinero mediante los impuestos en Cataluña. Pero el Estado español invierte mucho menos de lo que ha recaudado en tierras catalanas. Por lo tanto, el Estado español es el responsable del déficit fiscal que padece Cataluña y esto significa que Espanya ens roba (“España nos roba”). El Espanya ens roba (formulación popular de la idea populista y demagógica del “expolio fiscal”) está teniendo un impacto fuertísimo en un sector cada vez mayor de la sociedad catalana, que cree que todos sus problemas derivan de la pertenencia de Cataluña a España, y que ésta les roba a los catalanes 22 mil millones de euros al año.

Pues bien, hay que desmontar esta falacia. En primer lugar, es totalmente lógico y normal que Cataluña tenga déficit fiscal: todas las regiones más ricas de cualquier estado moderno lo tienen. Pero es que dentro de Cataluña (y de esto no hablan los hipócritas dirigentes separatistas), ¡también hay déficit fiscal en algunos territorios! Por ejemplo, la provincia de Barcelona aporta muchísimo más dinero a la Generalitat que la província de Lleida (Lérida). Sin embargo, la Generalitat invierte más dinero en Lleida que en Barcelona ¿Significa esto que Lleida roba a Barcelona? ¡No! Simplemente, Barcelona es más rica que Lleida y cede parte de su riqueza (la que sea necesaria) para que los habitantes de Lleida puedan tener un nivel de vida igual o, por lo menos, similar al de los barceloneses. ¿Por qué se critica que parte del dinero de Cataluña se invierta en Andalucía y no se critica que parte del dinero de Barcelona se invierta en Lleida? Decir que una región rica debe quedarse el dinero de sus impuestos es lo mismo que decir que un ciudadano rico debe quedarse el dinero de sus impuestos. Pero esto no es así: el más rico paga más que el más pobre, y el dinero va destinado, en primer lugar, donde más se necesita, independientemente de quien lo haya aportado.
Algunos dicen que sí, que está muy bien esto de la solidaridad interregional, pero que el déficit fiscal catalán es excesivo. Dicen algunos destacados dirigentes de CiU que los länder alemanes tienen un techo de déficit del 4%. Un estudio de la entidad Convivencia Cívica Catalana ha desmentido este dato y, además, ha aportado interesantes cuestiones comparativas entre el estado español y el alemán: Cataluña tiene un déficit fiscal inferior al de los länders alemanes Hessen, Baden-Würtemberg, Hamburgo y Baviera. Otro dato interesante: mientras que el länder de Berlín (en el cual está situado la capital germana) es receptora de fondos del estado alemán, Madrid es aportadora de fondos del estado español.
Joseph Goebbels: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad

Pese a todo, los separatistas siguen empeñados en que España trata injustamente a Cataluña. Por ello, insistieron en que el estado publicara las balanzas fiscales. Una vez publicadas, TV3 presentó los resultados: Cataluña es la segunda comunidad autónoma que más déficit tiene (después de Baleares) con más de un 8%. Hay que señalar que TV3 (que es el mayor órgano propagandístico de los separatistas) solamente presentó una de las diversas balanzas que se publicaron. Casualmente, era la balanza en la que peor aparecía el déficit catalán (en todas las demás –excepto una aparte de la publicada por TV3- se daba un déficit de algo más del 6% y, además, siempre aparecía Madrid como la comunidad con más déficit). Es decir, se mostró solamente la balanza que interesaba al poder separatista de la Generalitat, escondiendo el resto de balanzas.

Pero aún hay más: aunque aceptemos que el déficit catalán es excesivo…¿qué pasa con toda la riqueza que hay en Cataluña pero que se genera en el resto de España? Las empresas catalanas con sede en Cataluña que venden sus productos y tienen sucursales en otras tierras españolas facturan toda su producción y beneficios en Cataluña, pero el trabajo que ha generado esa riqueza se ha efectuado en otras comunidades autónomas. ¿Podemos decir que esta riqueza que está en Cataluña se ha producido en ella? Está claro que no. Ahora bien, esto no debe interpretarse como una crítica a Cataluña. Es solamente una crítica al argumento de Espanya ens roba.

Es necesario que todos los españoles nos esforcemos en dejar en evidencia esta falacia repugnante del Espanya ens roba. Somos muchos los catalanes que luchamos contra ello, cada cual de la manera que puede. Quisiera pedir a todos los que lean estas líneas que visiten la web de Convivencia Civica Catalana y lean sus informes económicos referentes a la cuestión del supuesto expolio fiscal de Cataluña. Son una clarificadora (y muy documentada) fuente de información para llevar a cabo la tarea de destapar esta gran mentira nacionalista. Tarea que no nos atañe solo a los catalanes, sino a todos los españoles. Porque Cataluña es una tierra más de España y, como tal, debe ser defendida por todos los españoles. A todos los que ya lo hacen, aquí dejo un sincero y sentido moltes gràcies, germans (muchas gracias, hermanos).

Respostes a Víctor Alexandre

Víctor Alexandre és un molt bon escriptor. El seu llibre Despullant Espanya és d’una gran qualitat literària. El problema (tant de l’autor com del llibre) és que posa el seu talent literari al servei d’unes idees falses i pernicioses per la convivència entre els catalans amb la resta d’espanyols, així com per l’intrínseca espanyolitat dels catalans (i cal tenir en compte, contra el que creu Alexandre, que espanyolitat no equival a castellanitat ni s’oposa a catalanitat.

El discurs d’Alexandre, exposat en el citat llibre, és ben fàcil de resumir: els catalans som víctimes de l’opressió de la malèvola nació espanyola, idiosincràticament feixista, que té un pla mestre per anorrear l’identitat catalana degut al complexe d’inferioritat dels mateixos espanyols, que no soporten que una terra (Catalunya) que van conquerir per les armes no accepti castellanitzar-se totalment tot abandonant les seves tradicions i llengua, odiada a mort pels espanyols. Espanya, a més, compta amb uns valuosos aliats: els catalans que es senten espanyols, autòctons de la terra que s’odien a si mateixos i a Catalunya mateixa i per això valden per l’anorreament de la identitat catalana (tot i que de vegades els anomena “bipolars” degut a que acceptem la doble identitat catalano-espanyola): són els botiflers de C’s, del Foro Babel, del Partit Popular de Catalunya, etc, etc.

Aquest discurs, exposat amb les belles i contundents paraules de Víctor Alexandre, i engalornades amb un esperit literari d’allò més bell, arriba a semblar convincent. I és per això que cal rebatre’l.

Ja a l’inici del llibre, i no havent entrat encara en la qüestió hispano-catalana, Alexandre explica una anècdota: en una terúlia televisiva amb ocasió del Dia de la Hispanitat, una peruana va defensar la tasca civilitzadora dels espanyols a Amèrica, al·legant que la nació espanyola va donar una llengua, una cultura, una religió i, en definitiva, una civilització a les cultures precolombines. Alexandre creu que això és una rentada de cervell, car aquest procés de civilització va donar-se al mateix temps que un procés colonitzador amb violències que, efectivament, van tenir lloc.

Bé, a banda que molts historiadors han refutat la idea del genocidi dels espanyols a Amèrica (va haver-hi violència i van cometre’s, certament, abusos, però la Monarquia espanyola i els misioners espanyols van lluitar perque es respectéssin els drets dels indis amb el que van ser les primeres lleis antiracistes de la Història[1]), a banda d’això, deiem, caldria plantejar-se una pregunta: hauriem els catalans (per posar un exemple) de maleïr els romans? Que potser la tasca civilitzadora de l’Imperi Romà va dur-se a terme amb bones maneres i amb la plena acceptació dels hispans de la Ibèria prerromana? No, però, tot i així, a l’escola ens ensenyen el gran deute cultural que tenim amb l’antic Imperi Romà.

Però entrem ja en la qüestió central del llibre de Víctor Alexandre. En primer lloc, al llarg del llibre hi ha moltes referències a l’11 de Setembre de 1714, data que el nacionalisme català va assenyalar com el dia en que Espanya va conquerir Catalunya i la va desposseïr de les seves llibertats i, al mateix temps, començà el procés de substitució de la identitat catalana per l’espanyola, procés manifestat molt especialment en el desplaçament del català a favor del castellà. Caldria que el senyor Alexandre sabés que la Guerra de Successió fou una guerra civil espanyola, en la qual hi va haver catalans que van lluitar en ambdós bàndols. Els catalans, a més, tenien la idea que lluitaven per un determinat model d’Espanya, ja que desde la unió de les dues corones (la castellana i l’aragonesa, unió molt ben rebuda pels catalans, com bé indica Vicens Vives[2]) es sentien plenament espanyols, de la mateixa manera que ja s’hi sentien abans, durant la Reconquesta[3]. Per tant, el règim borbònic, amb les seves llums i les seves ombres, no va ser una imposició espanyola a Catalunya, sino la imposició del bàndol guanyador a la Guerra de Successió. Per altra part, el Decret de Nova Planta només té una disposició vers la llengua: que la relació amb l’administració reial es substanciï en llengua castellana. Ara bé, cal assenyalar que això no va resultar una marginació del català, car les audiències reials no es feien en la llengua de mossèn Cinto, sino en llatí. Per tant, el castellà va imposar-se sobre el llatí, no pas sobre el català. D’altra banda, a Catalunya ja hi havia força literats que parlaven i escrivien el castellà molt abans del segle XVIII. A més, Alexandre diu, sense cap rigor històric, que la unió entre Castella i Catalunya (ejem…va ser entre Castella i Aragó, en rigor), no va satisfer cap dels interessos dels catalans[4]. Això és una fal·làcia històrica, car els aragonesos (i, per tant, els comtats catalans) van poder mantenir el seu Imperi marítim i defensar-se dels francesos gràcies als tercios castellans.






Una altra idea reiterativa del llibre d’Alexandre és que “els catalans no som espanyols per la mateixa raó que els espanyols no són catalans”[5]. Els catalans que ho pensen, diu, són una mena de bipolars identitaris amb una rentada de cervell enorme. Com, si no, seria possible que penséssin tal absurditat. En primer lloc, els catalans som espanyols no perque perdéssim la Guerra de Successió, sino perque ho hem estat i ens ho hem considerat al llarg de la Història. Jaume I, i abans el seu pare Pere II, ja es consideraven reis d’Espanya, car consideraven que Aragó i els comtats catalans formaven part de la Hispània que es va perdre el 711 amb l’invasió musulmana i que es va anar recuperant a partir de la victòria a la batalla de les Navas de Tolosa.

Així ho pensaven també catalans tan il·lustres com ara Jacint Verdaguer, Joan Maragall, Jaume Balmes, Juan Prim, Capmany, Víctor Balaguer, Eugeni d’Ors etc, etc[6]. Tots van pensar, escriure i lluitar per Espanya. També ho feu Rafael Casanova, que arengava als soldats catalans recordant-los que lluitaven “per la llibertat de tota Espanya”. També semblaven tenir bastant clar els segadors de 1640, quan sortien a lluitar al crit de “Visca el Rei d’Espanya!”[7], cosa bastant normal, tenint en compte que, des de l’adveniment de la dinastia castellana dels Trastàmara, els reis espanyols sempre havien estat els aliats dels pagesos per lluitar contra els mals usatges dels nobles catalans, amparats per les constitucions[8]. Antoni Simón i Tarrés ho té ben clar: “Hoy en día, el mito de la Unidad catalana durante la guerra de Sucesión está ya superado. Es un hecho incuestionable que no todos los catalanes respondieron de la misma manera al proyecto revolucionario de Pau Claris”[9]. Com pot dir el senyor Alexandre que els catalans no som espanyols? Això va contra la pròpia Història catalana, encara que al brillant escriptor nacionalista no li agradi. Ara resulta que els grans forjadors de la tradició cultural catalana, és a dir, els seus poetes, filòsofs i polítics històrics eren tots uns botiflers, hipòcrites, masoquistes i uns bipolars esquizofrènics!![10].

Víctor Alexandre també parla molt de l’autoritarisme espanyol (és a dir, castellà), oposant-li sempre una democràcia catalana incubada al llarg del la Història, que va ésser sufocada en aquell lamentable 11 de Setembre. Així, sembla ser que l’única virtut dels espanyols rau en la seva potència militar, mentre que l’únic defecte dels catalans és la covardia a enfrontar-se amb l’Estat espanyol. Arriba a dir que la democràcia, el respecte i la llibertat són valors genuïnament catalans![11]. Si el senyor Alexandre llegís més llibres d’Història a més de les “històries nacionals” de Rovira i Virgili i Ferran Soldevila, s’adonaria que aquell “primer Parlament del món” de què va parlar Pau Casals abans del seu famós concert a les Nacions Unides i que tant lloen els nacionalistes catalans no era més que l’instrument de domini de les classes privilegiades catalanes sobre les classes humils dels comtats catalans, molt especialment la pagesia (que representava la major part de la població). És a dir, la Diputació del General, les Corts catalanes i el Consell de Cent de Barcelona eren institucions opressores, que es valien del pactisme per vetllar pels seus privilegis[12]. Per això, el Decret de Nova Planta no va suposar l’esfondrament de les llibertats catalanes, sino la destrucció dels privilegis d’uns pocs sobre la majoria. Evidentment que això no va suposar un règim de justícia social ni política (impossible en una monarquia absolutista del segle XVIII), però si que va alliberar els catalans humils del jou dels senyors i va permetre governar amb més eficàcia sense les velles traves[13]. Però és que, a més, Catalunya va beneficiar-se enormement de l’Estat borbònic, podent superar definitivament la crisi que arrossegava des del segle XV i podent iniciar la seva industrialització[14]. Espanya, és cert, no sempre ha encertat amb les seves decisions sobre Catalunya. Com no ha sempre ha encertat amb les decisions vers les altres regions. Però si Catalunya es va industrialitzar va ser gràcies no només a l’esperit laboriós dels catalans, sino a la política proteccionista de l’Estat espanyol, aplicada per demanda dels polítics catalans. I això no m’ho invento, sino que se’n vanaglorià Prat de la Riba, gens sospitós d’espanyolisme[15].




Prou d’historiografia romántica. Els historiadors de l’escola de Vicens Vives, entre d’altres, capgirarien els arguments històrics d’Alexandre exposats en el seu llibre i que ell pretenia que fóssin una resposta vàlida als arguments de José Estrada[16].

Em sap greu pel senyor Alexandre, però és així: als catalans sempre ens ha importat la resta d’Espanya, i sempre ens hem sentit part de la pàtria espanyola, sense per això haver deixat d’estimar la terra catalana, la seva cultura i la seva llengua. També hi ha molts espanyols que estimen sincerament Catalunya. I sempre n’hi ha hagut. Perque siguem seriosos, que alguns governants espanyols hagin estat anticatalans, això no vol dir que el poble espanyol sigui catalanòfob en conjunt. Si això fos així, per exemple, mai s’hagués organitzat a Madrid una Feria del Libro catalán, ni els intel·lectuals castellans haguéssin firmat i publicat un manifest en defensa de la llengua catalana reaccionant contra la prohibició del català per part del Directori Militar encapçalat pel general Miguel Primo de Rivera a principis del segle XX[17]. També podríem esmentar el fet que grans personalitats castellanes com ara Menéndez y Pelayo féssin discursos en català durant les celebracions dels Jocs Florals del segle XIX.




Que no s’ha fet tot bé a Espanya pel que fa a la qüestió catalana? Evidentment que no. Però no hi ha hagut mai cap pla d’extermini lingüístic ni cultural per part d’Espanya contra Catalunya. És absurd, i la Història ho desmenteix. Així que li retornem al senyor Alexandre les seves pròpies paraules: “només qui té passat té memòria i només qui té memòria té identitat”[18]. Repetim-ho tant com Alexandre repeteix el contrari: els catalans hem estat sempre espanyols i així ens hi hem sentit. Que el senyor Alexandre vulgui la independència i vulgui extirpar l’espanyolitat de Catalunya és una cosa, i té tot el dret de pensar i fer el que cregui més convenient. Però que no es serveixi de la ignorància de molta gent amb mentides, tant típiques i tòpiques del nacionalisme català.


[1] Veure JOSEPH PÉREZ (2009) La leyenda negra, Ed. Gadir, pp 104-116 o RAMIRO DE MAEZTU (1938) Defensa de la Hispanidad, Valladolid, pp 115-150

[2] JAUME VICENS VIVES (1988) Els trastàmares. Segle XV, Ed. Vicens-vives, pp 234-238

[3] En el llibre ja citat de Vicens Vives, així com en el llibre de LUIS GONZÁLEZ ANTÓN (2007) España y las españas, Ed. Alianza, s’exposa a bastament aquesta idea a través de nombroses fonts documentals.

[4] VICTOR ALEXANDRE (2001) Despullant Espanya, Ed. Proa, P 187

[5] Ibidem, P 41

[6] En totes les obres d’aquests literats, pensadors i polítics pot veure’s clarament el seu sincer sentiment espanyolista (mai renyit amb el seu profund catalanisme). Per una panoràmica general, veure el llibre de JESÚS LAÍNZ (2006) La nación falsificada, Ed Encuentro, sobretot pp 117-180 i 360-410

[7] Veure GONZÁLEZ ANTÓN, op. Citada, pp 259-273, ANTONI SIMÓN I TARRÉS (2005) Construccions polítiques i identitats nacionals. Catalunya i els orígens de l’estat modern espanyol, Ed. Abadia de Montserrat, pp 221-222 o VACA DE OSMA, JOSÉ ANTONIO (2004) El Imperio y la leyenda negra, Ed. Rialp, P 139

[8] Òbviament, no estem negant que mai hi hagi hagut cap problema de relacions entre Catalunya i la resta d’Espanya, especialment amb Castella.

[9] VVAA (1992) 1640: la monarquía hispánica en crisis, Ed. Crítica, P 34

[10] VICTOR ALEXANDRE, op. citada, P 78

[11] ALEXANDRE, op. citada, P 72

[12] MARCEL CAPDEFERRO (1988) Otra historia de Cataluña, Ed , pp 176 – 192 i 216-233. També H ELLIOTT (1972) La España imperial. 1469- 1716, Ed. Vicens Vives, P 35

[13] J H ELLIOT (1989) La revolta catalana. 1598-1640, Ed. Vicens-vives, pp 46-107

[14] STANLEY G PAYNE (2009) España. Una historia única, Ed. Temas de hoy P 212

[15] PRAT DE LA RIBA (2007) La nacionalitat catalana, Escola d’Administració pública de Catalunya, P 127

[16] VÍCTOR ALEXANDRE, op citada, P 182

[17] JOAQUIM VENTALLÓ (1976) Los intelectuales castellanos y Cataluña. Tres fechas históricas: 1924, 1927 y 1930, Ed Nova Terra.

[18] VÍCTOR ALEXANDRE, op. citada, P 124

Jacint Verdaguer y España

Jacint Verdaguer es uno de los más grandes poetas que ha dado España. Según Menéndez y Pelayo, fue el poeta “de más grandes dotes narrativas de cuantos viven hoy en España”. Tanto impresionó el poeta catalán al gran erudito castellano. Pero Jacint Verdaguer es algo más que un gran poeta. Es una de las mayores y más importantes figuras de la Renaixença catalana, ese movimiento cultural y literario del siglo XIX que entroncó con el movimiento político del siglo XX que fue el catalanismo. Hoy me gustaría mostrar cómo ese irrepetible poeta que fue Verdaguer fue (y esto se refleja en su obra) un ferviente catalanista al mismo tiempo que un apasionado españolista. No hay que olvidar que el catalanismo político del siglo XX (heredero, como hemos dicho, de la Renaixença) fue, en sus inicios al menos, una variante del Regeneracionismo español (que no por ser catalán dejaba de ser español, y así lo sentían los catalanistas de antaño). En este artículo me centraré en la idea de España y la españolidad de Cataluña en la obra de mossèn Cinto.
Su poema “A Barcelona” (que por cierto empieza con un fragmento del Quijote) viene precedido en su libro Pàtria de otro poema titulado “A la verge de Montserrat” [“A la virgen de Montserrat”], que dice:

“Vostre blau mantell és gran;
abrigau tota l’Espanya,
 lo regne de vostre amor,
com un niuet sota l’ala”

 [“Vuestro mantel azul es grande;
 abriga toda la España,
 el reino de vuestro amor,
 com un nidito bajo el ala”].

Vemos cómo Verdaguer hace extender el piadoso manto de la Virgen de Montserrat (auténtico símbolo religioso representativo de Cataluña) a toda España. Algo parecido hace en su magnífica obra Canigó, en la que describiendo esta catalana montaña, la llama “gegant d’Espanya/ d’Espanya i català” [“Gigante de España/ de España y catalán”]. En su poema “Enyorança” [Añoranza] presenta a un catalán que vive en Alemania, lejos de su patria, y siente una terrible añoranza:

“No és veritat que en Munic (…)
 vostres ulls llagrimejant
 se giraven vers Espanya?”

 [¿No es verdad que en Múnic (…)
vuestros ojos lacrimosos
 se volvían hacia España?”].

Verdaguer aborda también la Guerra de la Independencia, que en Cataluña se llamó Guerra del francès. Algunos historiadores independentistas afirman que ambos términos aluden a guerras distintas, pues los catalanes no defendían España, sino Cataluña. Sin embargo, Verdaguer afirma la tesis contraria (defendida también por muchos historiadores) en su poema “Catalunya a l’any vuit” [“Cataluña al año ocho”], en el que presenta a un Napoleón invadiendo a una dormida España, pero

“lo ferreny català, que estava alerta,
 sa mare pàtria al contemplar captiva
 exclamà, al coll posant-se lo trabuc:
 -Mentre el lleó d’Espanya se desperta,
 jo alçant-ne el sometent, àliga altiva
 vaig a esperar-te en los turons del Bruc”

[“el férreo catalán, que estaba alerta,
 su madre patria al contemplar captiva
exclamó, poniéndose al cuello el trabuco:

-Mientras el león de España se despierta,
 yo alzándole el sometent , águila altiva
 voy a esperarte en los montes del Bruc”]

No hay que ser muy avispado para ver cómo Verdaguer inserta la tradición catalana (que hoy los separatistas quieren desvincularla del resto de España) dentro de la tradición genérica española, sin que eso suponga una merma de la catalanidad de lsa tradiciones culturales e históricas catalanas. Por eso también puede dedicar una poesia a la Batalla de Lepanto, en la que presenta a los catalanes totalmente integrados, tanto religiosa como nacionalmente, en el ejército español, orgullosos tanto de sus peculiaridades regionales como de su nacionalidad española. En su prosa también encontramos pasajes en este sentido. Así, en su discurso presidencial de los Jocs Florals de Barcelona de 1881, después de unos comentarios a las gestas de Jaume I el Conqueridor y del Cid, dijo: “La Tizona del Cid iel Tisó de Jaume I són les dues plomes d’or amb què Castella i Catalunya han escrit ses dues colossals i glorioses epopeies” [“La Tizona del Cid y el Tisó de Jaime I son las dos plumas de oro con las que Castilla y Cataluña han escrito sus dos colosales y gloriosas epopeyas”]. Así, Cataluña, dándose glorias y hombres excelentes a sí misma, se las da también a España, pues los grandes catalanes son grandes españoles, como deja entrever en su poema “La mort de Balmes” [“La muerte de Balmes”]:

“A Espanya donà una estrella
 lo cel, donant-li aqueix fill”

[“A España dio una estrella el cielo,
dándole este hijo”]

Pero la gran pasión española que inundaba el alma de Verdaguer se aprecia más claramente que en ninguna otra obra suya en L’Atlàntida. El poeta nos presenta a Colón, que oyendo la historia de los atlantes y su final, con la lucha de los titanes contra Dios, ve cómo la estrella perdida de la Atlántida pasa a la gloriosa España. El poema termina con estos españolísimos versos:

“Veu morgonar amb l’espanyol imperi
 l’arbre sant de la Creu a altre hemisferi,
 i el món a la seva ombra reflorir;
 encarnar’s-hi del cel la saviesa;
 i diu a qui s’enlaira a sa escomesa:
 -Vola, Colon…ara ja puc morir!”

[“Ve zarpar con el español imperio
 el árbol santo de la Cruz a otro hemisferio,
 y el mundo a su sombra reflorecer;
 encarnándosele del cielo la sabiduria;
 y dice a quien levanta el vuelo en su cometido:
 - Vuela, Colón…¡ahora ya puedo morir!”]


Podríamos seguir mostrando citas y más citas del maestro Verdaguer que demuestran que su catalanidad nunca estuvo reñida con su españolidad, más bien lo contrario: su catalanidad alimentava su españolidad. Y no es el único: la literatura catalana está llena de fervorosos españolistas (sin por ello dejar de ser catalanes e incluso, en algunos casos, catalanistas). Hay que evitar la instrumentalización de estos grandes poetas por parte de los independentistas y devolverlos al lugar que les corresponde, que además es el lugar que ellos sentían como suyo: en las páginas de oro de la literatura española.