dijous, 24 d’octubre de 2013

La revolución social del nacional-sindicalismo

Si hay algo importante que un hombre puede legar a las generaciones futuras es un libro en el cual queden expuestas las ideas, pensamientos o programas para un futuro mejor. Uno de los hombres que acometieron esta labor fue José Luis de Arrese con su obra La revolución social del Nacional-sindicalismo. Fue una obra de su tiempo escrita para su tiempo (fue escrita en 1938), pero cuya esencia (la exposición sistemática de la doctrina social del nacional-sindicalismo) sigue teniendo plena vigencia y, pese a que pueda ser sometida a revisión en sus aspectos coyunturales, es una obra de obligada referencia para todo aquél que quiera conocer el falangismo. La posterior lealtad de Arrese hacia Franco no debe oscurecer la sinceridad revolucionaria que anida en esta obra que, sin duda, no fue precisamente un referente para la construcción del régimen franquista.

            La obra se estructura en tres partes: la primera es una historia de las doctrinas económicas (liberalismo, marxismo y nacionalsindicalismo), la segunda trata de la justicia social y analiza los conceptos y hechos de trabajo, salario, propiedad, capital, paro, etc., exponiendo las soluciones falangistas al denominado “problema social” causado por el sistema liberal-capitalista. La tercera y última parte expone los principios revolucionarios del nacional-sindicalismo y precisa la organización económica y sindical que debería establecerse en función de los principios revolucionarios del falangismo. Hay, además, en todo el libro, una honda preocupación espiritual, combativa con el materialismo individualista que surgió en el seno de la modernidad industrial: “No fue la máquina, por tanto, la que trastornó al mundo: fue el materialismo. No es, por tanto, la cuestión económica la única que hay que solucionar para solucionar el problema social: es también la cuestión espiritual, sin la cual no puede haber solución completa”[1].
            Algo importante que se apresura Arrese a dejar bien claro es que el nacional-sindicalismo no es ni fascismo ni nacional-socialismo: las manifestaciones estéticas (brazo en alto, camisas…) no son más que “forma, no esencia, del movimiento”. Así, “nosotros, que somos españoles, no podemos ser fascistas, y no lo podemos ser precisamente por su mismo esencia”[2].

  Pero lo más importante del libro es la exposición de la doctrina social y económica del nacional-sindicalismo, que Arrese caracteriza esencialmente de esta forma: “hagamos un sistema (…) no de clases, no de capitalistas ni de proletarios, sino de productores.,[…] en el que el capital sea una fuente de producción, pero no de lucro; en el que patronos, técnicos y obreros sean, en proporción al esfuerzo de cada uno, los únicos copartícipes del beneficio producido, sin odios, sin clases, y habremos hecho la verdadera revolución social”[3]. Léase bien y destáquese dos cosas: el capital como fuente de producción y no de lucro y una sociedad sin clases. Sí. Sin propiedad individual del beneficio del capital. Sin clases. Esto es importantísimo, puesto que es el centro revolucionario del nacional-sindicalismo. Todas las acusaciones por parte del marxismo de que el falangismo quiere (igual que quisieron,efectivamente, el fascismo y el nazismo) conservar las clases sociales mediante concesiones a los trabajadores pero conservando, en última instancia, el régimen burgués en materia social y económica, son absolutamente falsas. Arrese  denuncia exactamente lo mismo que denunció Marx: “que, incluso la situación más favorable para la clase obrera, el incremento más rápido posible del capital, por mucho que mejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismo entre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses del capitalista”[4]. También lo denunció José Antonio: “El que con la economía capitalista, tal como está montada, nos dediquemos a disminuir las horas de trabajo, a aumentar los salarios, a recargar los seguros sociales, vale tanto como querer conservar una máquina y distraerse echándole arena en los cojinetes. Así se arruinarán las industrias y así quedarán sin pan los obreros. En cambio, con lo que queremos nosotros, que es mucho más profundo, en que el obrero va a participar mucho más, en que el Sindicato obrero va a tener una participación directa en las funciones del Estado, no vamos a hacer avances sociales uno a uno, como quien entrega concesiones en un regateo, sino que estructuraremos la economía de arriba debajo de otra manera distinta, sobre otras bases, y entonces sucederá, señor Gil Robles, que se logrará un orden social mucho más justo”[5].
En efecto, cuando un capitalista obtiene una mercancía que venderá y se embolsará todo su valor en forma monetaria, “una parte del trabajo encerrado en la mercancía es trabajo retribuído; otra parte, trabajo no retribuído[6]. La solución de Marx era potenciar la lucha de clases para que la clase obrera oprimiera a la clase capitalista, arrebatándole todos los medios de producción e instaurando la sociedad sin clases por la fuerza, ya que como los intereses económicos son la base fundamental de los cambios sociales (idea fundamental del materialismo histórico), la única vía revolucionaria es la violencia. Arrese, en cambio, cree que el espíritu, el pensamiento, la moral y las ideas no están completamente determinados por los modos de producción y los intereses económicos surgidos de cada modo concreto, y por ello aboga a que toda la comunidad ciudadana se aplegue a un ideal de Justicia, solidaridad y cooperación interclasista para hacer la revolución. Pero la revolución nacional-sindicalista, y no es superfluo insistir en ello, también quiere abolir las distinciones entre las clases sociales.

            El falangismo, pues, no defiende la propiedad privada capitalista, tan sólo “la propiedad nacida del trabajo”[7]. Así, Arrese defiende la propiedad colectiva “en el sentido de solidaridad moral y hasta lo propugnamos como una modalidad nueva de la propiedad privada, como haremos al fomentar el patrimonio comunal y sinidical y como hemos visto al sustituir al salariado por la participación en la empresa”[8]. Un marxista debería aceptar que eliminar el sistema de salarios e instaurar la propiedad colectiva de la empresa, haciendo a todos los trabajadores propietarios y partícipes de los beneficios, es algo auténticamente revolucionario, puesto que las tres clases de las sociedades modernas, “los obreros asalariados, los capitalistas y los terratenientes” se caracterizan y diferencian entre sí en razón de sus fuentes de ingresos que son, respectivamente, “el salario, la ganancia y la renta del suelo”[9]. Así, Arrese (es decir, el falangismo, que es la doctrina que expone en su libro) no es menos revolucionario que Marx y, aun más, con su programa de reformas (más bien, cambios) revolucionarias que debe instaurar el Estado, está siguiendo las exigencias del filósofo anarquista Proudhon: “el derecho al trabajo y a la participación igual de los bienes no puede ceder ante las perplejidades del poder; (…) no es el proletariado el llamado a conciliar las contradicciones de los códigos, (…) es el poder civil y administrativo el que debe reformarse con arreglo al principio de igualdad política y económica”[10].
            Como va exponiendo Arrese  en los sucesivos capítulos, las posibles desigualdades económicas (que no sociales) sólo deben permitirse dentro de ciertos límites y en razón del esfuerzo y los méritos de cada uno, nunca en razón de privilegios o ventajas de clase, los cuales serán todos abolidos. Pero es que, además, Arrese se cuida muy bien de advertir a los burgueses acomodaticios amantes del lujo y la molicie: “por otra parte, también las ganancias estarán limitadas; es decir, que si una empresa gana desaforadamente, no se repartirán todos los beneficios, sino que una parte de éstos irá a suplir las pérdidas de los otros”[11]. Así, Arrese encuadra la economía dentro del término medio aristotélico y la dota de la austeridad y solidaridad cristianas, mostrando, además, una honda preocupación por la cultura y el arte[12].

            Esta obra es, pues, una magnífica exposición sistemática del nacional-sindicalismo, desplegando todo su potencial revolucionario frente a marxistas y derechistas, proclamando los principios falangistas sin complejos ni eufemismos, sin miedo a ganarse el favor de nadie que no crea sinceramente en la Justicia Social.



[1] José Luis de Arrese (1940) La revolución social del Nacional-sindicalismo, Ed. Nacional, P 19
[2] Ibidem, P 35
[3] Ibidem, P 53
[4] Karl Marx ( 1975) Trabajo asalariado y capital, en Obras Escogidas. Tomo I, Ed. Fundamentos, pp 91-92
[5] José Antonio Primo de Rivera (1971) Obras, Ed. Cronológica, P 335
[6] Karl Marx (1975) Salario, precio y ganancia, en Obras Escogidas. Tomo I, Ed. Fundamentos, P 447
[7] Arrese, Ibidem, P 114
[8] Ibidem, P 118
[9] Karl Marx (2007) El Capital. Libro III, tomo III (sección séptima, capítulo LII), Ed Akal, P 357
[10] Proudhon (2010) ¿Qué es la propiedad?, Ed. Público, P 244
[11] Arrese, Ibidem, P 214
[12] Uno de los principales destinatarios del crédito de la Banca Nacional debe ser el artista que pueda perderse por motivos económicos. Ver Arrese, Ibidem, P 158

24 comentaris:

  1. Gran aportación. Sin embargo, creo que hoy en día, si se hiciera una revisión del nacional sindicalismo, se debería tener en cuenta que una cosa es la economía de mercado y otra el capitalismo. No se puede planificar al dedillo una economía, sino que hay que tener en cuenta la ley de la oferta y la demanda, esto es, que las necesidades de los consumidores son cambiantes. Por otro lado, la competencia entre las empresas no es necesariamente mala, es más asegura una selección del mejor producto, siempre y cuando sea bien entendida. Deberíamos plantearnos si es posible una economía de mercado sin capitalismo, incluso si es posible aunar una economía de mercado y revolución social. Un saludo.

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  2. Es que el nacional-sindicalismo no niega eso. No pretede planificar la economía. Lo que pretende es garantizar el justo reparto de la riqueza, así como que el trabajador obtendrá el fruto real de su esfuerzo. Desde luego que limita de forma tajante la acumulación de riqueza (ya que la riqueza producida se dividirá entre todos). No elimina la competencia entre empresas, sino la posibilidad de que éstas exploten a sus trabajadores en razón de la competencia (o en razón del máximo beneficio posible).
    No elimina la propiedad privada de los medios de producción, sino que la extiende a todos los tra bajadores. Por eso es anticapitalista sin ser comunista.

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    1. Gracias por la respuesta. Creo que me he expresado mal. Sé que el nacionalsindicalismo no propugna una planificación de la economía al estilo comunista. Sin embargo, y esto es lo que quería resaltar yo, es que el mero hecho de limitar de forma tajante la acumulación de riqueza e intentar poner trabas al enriquecimiento o, mejor dicho, al ansia de enriquecimiento (desde un punto de vista católico y nacionalsindicalista algo moralmente execrable), tendría como consecuencia práctica que nadie querría montar una empresa e intentar competir con el resto, independientemente de quién posea los medios de producción, pues no habría de facto una economía libre de mercado. Aunque se extendiera la propiedad privada de los medios de producción a todos los trabajadores, estos no tendrían ningún aliciente para producir. Se acabaría con la iniciativa privada que es, al fin y al cabo, aquella que genera riqueza (el problema es cómo generar riqueza y cómo repartirla mejor). El Estado, por tanto, tendría que tomar riendas en el asunto y planificar efectivamente la economía, porque precisamente la fuerza del capitalismo y del liberalismo económico se basa, digamos, en las pulsiones humanas. Se puede eliminar la posibilidad de que las empresas exploten a sus trabajadores de muchos modos, pero si limitamos "de forma tajante" la acumulación de capital, no veo quién querría meterse a producir nada. Se pueden crear empresas comunales, pero sin ningún tipo de aliciente, sin el motor de las pasiones humanas, me cuesta ver que el sistema nacionalsindicalista sea siquiera viable, a no ser que se revisara desde una óptica actual, en la que se intentara aunar una economía libre de mercado junto con un modo de producción sindical. Un saludo.

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  3. Yo he reflexionado mucho respecto al tema clave y fundamental que es "la acumulación de capital". Este punto es crucial para poder articular cualquier sistema de producción que se pretenda justo, pero también competitivo y eficiente. Schopi tiene razón, si se limita en exceso la acumulación de capital se desincentiva la acción emprendedora, la cual podría considerar poco rentable asumir determinados riesgos y costes de inversión a cambio de exiguos beneficios. Ahora bien, también resulta del todo INMORAL (con mayúsculas bien visibles) la insaciable acumulación de capital por parte de un reducido número de grandes fortunas. ¿Dónde estaría el límite JUSTO de acumulación de riqueza de manera que, por un lado, el emprendedor considerara rentable el riesgo de invertir y, además, no se produjeran agravios inmorales respecto al reparto de los beneficios obtenidos? El problema, más que económico, atañe directamente a la psicología y moral de los individuos; a la filosofía en definitiva. ¿Sería necesaria la intervención del Estado para imponer los susodichos límites de acumulación de riqueza? ¿Serían justos los criterios adoptados por el Estado para establecer un límite de riqueza, individual o colectiva? ¿Se cercenaría así la sacra libertad individual para que cada individuo pudiera decidir dónde estaría su "techo" de acumulación de capital? Hay quienes se conforman con poco, o casi nada, y quienes jamás parecen tener bastante...

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  4. Por todo ello, la revolución nacionalsindicalista no es sólo económica, también es moral y espiritual: es necesaria la promoción de los valores espirituales cristianos para que, quien quiera montar una empresa, vea en ello un acto de autorrealización personal y un acto de creación de empleo para los compatriotas. La empresa tiene una función social y eso no debe perderse de vista.

    Hasta que la ciudadanía no deje de tener una mentalidad materialista e individualista, no es posible revolución ninguna. Por ello, toda revolución debe empezar en el espíritu y no en la materia.

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  5. Dasein, si la revolución ha de ser también espiritual, entonces ya podemos esperar sentados y perder toda esperanza. Precisamente, si algo han hecho bien las izquierdas durante las últimas décadas ha sido crear unas condiciones sociopolíticas perfectas para que las masas no puedan abandonar su condición de ganado adoctrinado e indócil.

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  6. Y no solamente eso, el capitalismo, el consumismo y el materialismo han extirpado todo idealismo y todo ideal de comunidad espiritual (más allá del interés material individual) de prácticamente toda la sociedad. El panorama es una mierda, pero mientras haya un atisbo de valores y moral en una pequeñísima parte de la sociedad, debemos mantener la esperanza y luchar por el ideal. Necesitamos una fuerte dosis de quijotismo, y lo más grande de la obra de Cervantes es justamente esa voluntad de perseverar en el "deber ser" aun a contracorriente del "ser".
    Y estoy muy de acuerdo con lo que dices acerca de las izquierdas. Parece mentira el grado de borreguismo que hay. Aunque también lo hay en la derecha. Ya lo decía Ortega: el ser de derechas y el ser de izquierdas: dos formas de hemiplejía moral.

    ¡Un saludo!

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  7. Pues sí Dasein, el capitalismo (que no el liberalismo filosófico) tampoco ha estado por fomentar la "espiritualidad" de los pueblos. Pero no olvidemos que en Europa (salvo GB, quizás) no ha existido ninguna auténtica tradición liberal, ergo todo el adoctrinamiento político-social se ha articulado durante décadas desde la izquierda más retrógrada (países del Este y España) o desde los postulados de la socialdemocracia (Europa nórdica).
    Yo antes era muy crítico con el maestro Ortega, y le recriminé (como José Antonio en su "Homenaje y Reproche") que no supiera o no hubiese querido dar la cara en los graves momentos que precedieron al Alzamiento Nacional. Pero hoy le comprendo, y entiendo que ya entonces, el clarividente maestro del "yo y las circunstancias", supo España no tenía solución. Franco tan solo ganó tiempo. Y el tiempo ya se está agotando...
    Saludos.

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  8. Ciertamente, el "hombre-masa" es un concepto de una lamentable actualidad.

    Por otra parte, creo que Franco no aportó nada de esa espiritualidad que sigue haciendo falta. Abortó la auténtica revolución, mantuvo una actitud revanchista (ya no sólo con los dirigentes y asesinos rojos, sino con personas que jamás hicieron daño a nadie y fueron perseguidas). Creo que Franco se mantuvo como un dictador que intentava mantenerse en el poder a toda costa y que las cosas buenas que pudo tener su régimen (ciertas mejoras en la legislación laboral, la Seguridad Social, etc), se deben a la buena voluntad de algunos de sus ministros (Arrese, por ejemplo) y a la misma marcha de los acontecimientos y la coyuntura política y económica.
    Sabes que te respeto mucho, tanto personal como intelectualmente. Pero en el tema del franquismo chocamos frontalmente. Aunque si estuviésemos de acuerdo en todo, hablar sería demasiado aburrido.
    También reconozco que, en cierta manera, admiro tu defensa del franquismo, por sincera y contraria a la opinión común. Como falangista y católico de menos de 30 años, sé lo que es mantener opiniones que todo tu entorno social y familiar incomprenden y mal entienden, por mucho que te esfuerzes en argumentar y en fundamentar tus argumentos en datos objetivos. Así, menos en los nazis (es mi línea roja), tal situación análoga me despierta una gran simpatía.

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  9. Bueno, yo solo he señalado que Franco ganó tiempo, pero de la misma manera que le reconozco muchos de sus méritos (bastantes en mi parecer) tampoco comparto muchas de sus mezquindades (el caso de Julián Besteiro , por ejemplo). Está claro que Franco, a diferencia de nuestros políticos actuales, al menos supo rodearse de un brillante grupo de ministros y tecnócratas. Tú citas a Arrese, pero también Gonzalo Fernández de la Mora fue uno de sus ministros más inteligentes y de exquisita sensibilidad ética y moral. Ya me gustaría a mí que los de "ahora" se le parecieran en algo.
    Por otro lado, a mí me gusta analizar la historia desde la perspectiva de sus graves contextos históricos, y no "a toro pasado". Así, yo considero que Franco, y lo digo seriamente, fue un mal menor en comparación con lo que hubiese significado una España bolchevique. Lo tengo muy claro.
    Franco no fue un santo, desde luego, pero es que tampoco la "izquierda" de entonces lo fue. Tan injustas fueron las muertes de Lorca o de Besteiro (injustamente condenado) como las de José Antonio o Maeztu. Sin embargo, ya ves, tú te proclamas falangista, a pesar de los errores y atropellos que en nombre del falangismo cometieron cuatro descerebrados. Y otros siguen orgullosos autodefiniéndose socialistas, a pesar de ser los herederos de los asesinos de José Antonio, Maeztu y de tantos otros inocentes (políticos y clérigos).
    En fin, yo no puedo condenar a Franco solemnemente, porque entonces debería condenar a España entera, a todos los que pecaron de sectarios, a quienes mataron amparándose en legalidades más que cuestionables (caso José Antonio) o quienes consideraron justo asesinar a Calvo Sotelo o al joven Matías Montero para lograr peregrinas revoluciones.
    Saludos.

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  10. Lo primero de todo, quiero agradecer a Dasein la creación de este magnífico blog. Siento no entender nada de catalán, así que muchos de tus post los entiendo a medias, aunque me esfuerce. No obstante, me encanta saber que todavía existen catalanes como tú. Lo dicho, gracias por el blog.

    Lo que me interesa subrayar son varios puntos con respecto al tema que estamos tratando. Intentaré ser claro.

    También en un mercado libre bien entendido la empresa y el empresario cumplen una función social, así como las entidades de crédito públicas y privadas, algo que no se debe olvidar. Cierto es que en nuestra sociedad (o suciedad) capitalista ese concepto se ha dejado de lado y lo que prima es el afán de lucro; sin embargo, hay que ser realistas y si, parafraseando a José Antonio, el ser derechista o izquierdista supone ser un medio hombre, porque se elimina una parte del alma, el pensar única y exclusivamente con las categorías nacional-sindicalistas y no echar un vistazo a la realidad supone hacer un buen uso del lecho de Procusto, esto es, hacer ideología en el sentido marxista. Me explico. Obviar los porqués del éxito del liberalismo económico es, desde mi punto de vista, obviar la naturaleza humana. La gente compra el producto más barato o, mejor dicho, el producto con mejor calidad-precio, lo cual en sí mismo no es un pecado (otra cosa son las consecuencias de esa acción o la no conciencia de las relaciones de explotación que se pueden esconden tras un producto barato. No conciencia o conciencia de ello y por consiguiente mala fe). El empresario quiere enriquecerse y ello tampoco es malo, siempre y cuando se produzca un efectivo reparto social de la riqueza, esto es, creación de puestos de trabajo razonablemente remunerados. Si obviamos estos resortes del espíritu humano, obviamos las razones del éxito del capitalismo y de la economía de mercado que, si se entiende bien y se lleva a cabo con unas claras y justas reglas de juego, es el mejor mecanismo para repartir la riqueza y asegurar la producción de los mejores productos (no olvidemos que existen productos como la vivienda con los que no se debería poder especular tanto, lo cual se puede llevar a cabo dentro del juego del mercado libre). La crisis actual se debe en gran parte a que se han pasado por el forro los mecanismos de regulación de la economía financiera, a la irresponsabilidad de muchos ciudadanos y políticos, lo cual no desmonta los principios del libre mercado, sino que pone en evidencia la ausencia de mecanismo efectivos de regulación. Mi pregunta y reflexión es la siguiente, ¿no se podría aunar mercado libre y todos o algunos de los principios revolucionarios del nacionalsindicalismo, si por ello entendemos una revolución de tipo nacional, moral y espiritual? El problema no es el mercado libre, sino los principios materialistas e individualistas que lo rigen actualmente y que, por otro lado, aunque suene paradójico no deben de ser obviados ni satanizados, siempre y cuando no se lleven a extremo.

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    1. Continuación:
      El poder que tiene el consumidor es inmenso. Si se consumiera adecuadamente, por ejemplo, si se eligieran los productos en función de su forma de ser producidos, esto es, si la reducción de costes supone explotación humana o no, entonces podría mitigarse esa explotación salvaje del hombre por el hombre. No obviemos además que vivimos en un mundo globalizado, lo cual hace que la revolución nacional sea quizá muy estrecha de miras, a no ser que se siga pensando en cierta autarquía posible. ¿No se podría aunar la posibilidad de crear un tipo de propiedad colectiva de los medios de producción no obligatoria para todos, la creación de otros cauces de decisión democrática (municipio, sindicato, etc.) junto con los partidos políticos nuevos que asuman las reglas de la democracia interna, la revolución espiritual y moral que mire más allá de una nación sin perderla de vista tampoco a ella ni a la importancia de las comunidades humanas; no se podría, preguntaba, aunar todo esto con un mercado libre bien entendido? Pensar que el éxito de la revolución se debe a una revolución moral y espiritual, esto es, a que se consiga efectivamente que las personas tengan otros valores y, por tanto, actúen de otro modo que no sea solamente materialista e individualista me parece correcto, pero creo que no se da de bruces con el mercado libre que cree en la libertad y autonomía de sus agentes a la hora de tomar decisiones.

      Es sólo una reflexión. Perdonad la redacción descuidada y apresurada.

      Un saludo a los dos!

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  11. El problema no es la existencia del capital, sino la preponderancia de éste. Es lo que se llama capitalismo, y es lo que el nacionalsindicalismo quiere eliminar. El trabajo debe estar por encima del capital, y éste debe servir a aquél y no viceversa.

    Si por mercado libre entendemos que las empresas producen cuanto quieren y lo venden donde quieren, nohay problema con el mercado libre. El problema es el capitalismo. Las empresas deben poder producir cuanto quieran y tener los beneficios que deseen, siempre y cuando estos beneficios se repartan entre todos los trabajadores de la empresa y, por supuesto, con el resto de la sociedad.
    Lo que no puede ser es que unos se enriquezcan con el trabajo de otro.

    En un régimen nacionalsindicalista puede haber un trabajador o una empresa que ganen más dinero que otros, pero siempre bajo la condición que cada individuo y cada empresa haya ganado tal riqueza con su propio trabajo y no haya nadie (sean particulares, sean otras empresas de interés público) que sufran. Ahí está la diferencia entre falangismo y liberalismo: no se permite el individualismo. Tú puedes esforzarte y ganar más dinero, pero tu límite es la pobreza de los demás.

    ¿Mercado libre? Bien entendido, sí. ¿Capitalismo? No, es inmoral. ¿Fortunas al lado de miserias? Jamás. He ahí el falangismo.

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  12. Creo que Dasein, en su último párrafo, insiste en una diferenciación necesaria: "¿Mercado libre? Bien entendido, sí. ¿Capitalismo? No, es inmoral. ¿Fortunas al lado de miserias? Jamás. He ahí el falangismo.
    Como ya indiqué, no debería confundirse liberalismo (libertad para emprender y crear empresa) con Capitalismo (sistema de explotación que convierte al trabajador en medio sacrificable). Totalmente de acuerdo con Dasein.
    Saludos a los dos.

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  13. El problema del liberalismo es que, como no reconoce ningún valor más que la libertad individual, acaba transformando la actividad económica en un conjunto de seres individuales que luchan entre si por defender sus intereses particulares. De ahí la necesidad de distinguir entre liberalismo y liberalismo económico, así como de saber distinguir entre sus virtudes y sus defectos.
    El liberalismo dejado funcionar por sí mismo acaba, como dijo José Antonio, dando a los más humildes la libertad de morirse de hambre en las puertas de las fábricas.

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  14. Es que el liberalismo también tendría que ser revolucionario. Parafraseando a los nostálgicos marxistas, que todavía insisten en que la "verdadera" revolución socialista todavía no ha sido llevada a la praxis, también podríamos decir que la verdadera revolución liberal tampoco ha podido ser llevada a la praxis a lo largo de la historia. No, al menos, en España. Existen dos principios liberales básicos que, aunque sobre el papel están garantizados por la Constitución, de facto no es así en la realidad. Uno de dichos principios básicos garantizaría, de verdad y no sobre el papel, el derecho de cada ciudadano para hacer uso de su libertad individual según su propia voluntad y libre albedrío. Esto no es así, ya que pocos son los padres con derecho a elegir libremente cómo y dónde educar a sus hijos. No es así, porque no somos libres para decidir, por ejemplo, cómo deseamos cotizar durante nuestra vida laboral para nuestra jubilación (se impone la seguridad social vs otras opciones, como planes de pensiones, planes de ahorro...) Vivimos en un Estado sobredimensionado e intervencionista que dirige las vidas de los ciudadanos desde que estos nacen hasta que mueren.
    El segundo punto crucial para poder articular un sistema verdaderamente liberal, tanto en lo económico como en lo ético y en lo moral, sería garantizar, de verdad, la igualdad de oportunidades y la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos.
    Solo con libertad individual de VERDAD y con AUTÉNTICA igualdad entre ciudadanos, se podría articular el sistema político-social más humano y moral de todos los conocidos: el liberalismo.
    Por desgracia, siempre estará presente la naturaleza corrupta del ser humano para pervertir cualquier sistema, por utópico y revolucionario que se pudiera presentar a priori. Le sucedió al liberalismo filosófico, le sucedió al marxismo y, sin duda, le sucedería al falangismo. "Semos asín" :)

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  15. Lamentablemente, la inclinación al mal que siempre está presente en el ser humano acaba jodiendo todas las utopías. Cada vez soy más pesimista acerca de la posibilidad de crear una sociedad justa de verdad, puesto que cada vez se acentúa más el materialismo, individualismo y borreguismo de los ciudadanos. Cada vez pienso más que lo único que realmente merece la pena es cumplir lo máximo posible con los principios de cada uno y replegarse en la propia familia, en la propia religiosidad y, simplemente, hablar y actuar siempre siendo consecuente con uno mismo.

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  16. Tú todavía eres joven Dasein. Yo ya paso de los 40, y después de muchas lecturas y reflexiones, además de innumerables vicisitudes y vivencias, personales y profesionales, he llegado a la conclusión de que España es un proyecto histórico fallido. Sí, aún podremos durar algunos años más tirándonos los trastos a la cabeza unos a otros, y empobreciéndonos y subsistiendo como podamos, pero ya no queda ilusión ni esperanzas en el futuro.
    Como bien señalas, a mí ya solo me queda mi familia; intentar criar a mis hijos hasta que puedan valerse por sí mismos, y cruzar los dedos para que un mal cáncer o un infarto al corazón me lleguen lo más tarde posible. A este gran absurdo se reduce la existencia.
    Fui un estudiante ejemplar y un emprendedor sacrificado que apostó por la constancia y la profesionalidad vs el consabido "pelotazo" que muchos han practicado, pero en mi madurez me veo igual, o peor, que otros muchos conocidos y amigos que jamás se esforzaron y tan solo se dedicaron a vivir como cigarras.
    Últimamente me acuerdo mucho de "Justine", de le Divine Marquis, y del duro mensaje cargado de ironía que transmitía: la vida no es justa y, por tanto, los justos no serán recompensados, ni en la tierra ni probablemente en el más allá.
    Porca miseria...

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  17. Pues yo estoy plenamente convencido que tu dedicación a tu familia y tus esfuerzos por tirar adelante siendo consecuente con lo que tú consideras que es el Bien, sin duda te garantizan un buen lugar en el más allá.

    Y sí, yo también estoy convencido que España es una causa perdida. Y no ya por nuestro carácter, sino porque toda nación necesita una causa común, una unidad de destino en lo universal, y España ya no lo tiene. De hecho, creo que no lo tiene ninguna otra nación. La diferencia es que en España hay poca gente que crea en y sienta la idea de España como algo importante, más allá de cuestiones futbolísticas.

    Si Cataluña alguna vez deviene nación (porque no lo es ni lo ha sido, pero PUEDE acabar siéndolo igual que lo han llegado a ser los EEUU sin serlo antes, por ejemplo), pronto el modo de vida occidental se impondrá frente a este aparente sentimiento nacional-patriótico (que en el fondo no es más que interés económico) y será una "nación" sin unidad de destino.

    Las naciones, en cuanto naciones, son ya un fracaso en sí mismas. La idea de nación es espiritual y colectiva al mismo tiempo. Justo lo contrario que dicta el signo de la actualidad postmoderna. Lo dicho, hay que replegarse en uno mismo, en ser consecuente con la propia moral y valores, y en luchar, ante todo, por la familia. Me veo obligado a seguir escribiendo, manifestándome y participar en actos en favor de la unidad de España y de la justicia social, pero cada vez con menos convicción. Y ni siquiera puedo ir a todo lo que quiero, porque el nuevo trabajo que tengo me obliga a tener que trabajar sábados y festivos si quiero tener los suficientes ingresos para poder acrecentar mi familia....que espero hacerlo en verano.

    En fin....¡siempre nos quedará la literatura y el arte!

    Un saludo.

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  18. Pues sí, casi coincido al 100% con esta última reflexión tuya. Una nación sin destino en lo universal, o sin proyecto de vida en común, está condenada a diluirse en el devenir de la historia cual azucarillo en agua.
    Yo ya hace algún tiempo que no siento necesidad de escribir. De hecho, estoy seguro de que reflexionar, cuestionar o hacer propuestas en este bendito país, siempre "es tontería y pa ná".
    Bueno, verás que dentro de poco "acrecentarás" la familia y nuevos miedos y preocupaciones ocuparán tu existencia, también recibirás a cambio muchas alegrías. Así es la vida, siempre un drama, un constante quehacer vital, un sentimiento trágico...

    Recibe un afectuoso saludo, y suerte en todos tus proyectos vitales y profesionales. :)

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  19. Gracias, Orteguiano. Suerte a ti también en todo lo que haces y hagas. ¡Nos leemos por aquí o por tu blog!

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  20. Hola a los dos.

    Me voy a presentar brevemente. Soy uno de tantos exiliados que emprendieron el camino en dirección a Alemania y aquí vivo desde hace 5 años. Vine a hacer mi tesis doctoral sobre Schopenhauer, tesis que no terminé. Tengo 32 años. Al igual que Dasein, he tenido que pelearme mil veces con la gente simplemente por decir que me interesaba la figura de José Antonio. No me considero ni de derechas ni de izquierdas. No soy católico, más bien soy agnóstico y ello me ha llevado a desesperarme existencialmente muchas veces, principalmente ante la muerte de seres queridos que, por cierto, entre seres queridos incluyo también y sin ningún tipo de rubor a todos mis gatos y perros fallecidos. Ahora bien, repudio el materialismo salvaje por muchos motivos, pero ante todo por razones de tipo intelectual, pues creo que cae en contradicciones irresolubles y, por otro lado, no comparto su idea del ser humano.

    Supongo que conoceréis a John Stuart Mill. Para mí es un autor de cabecera junto a José Antonio, sobre todo su "Sobre la libertad". Ese libro me ha emocionado cada vez que lo he leído. Para mí en ese texto se expresa el verdadero liberalismo que no hay que confundir con individualismo e indiferencia inhumana ante la miseria humana y social. Es un canto a la libertad del individuo, al valor absoluto de la persona: defensa de la minorías, derechos del hombre, límites de la libertad negativa y positiva, etc.

    Creo que el liberalismo, como dice Orteguiano, es revolucionario, lo fue y lo es hoy en día. De hecho, coquetea con el anarquismo, pues tiende a la ausencia total del Estado y propugna la autoorganización libre de los individuos. No obstante, opino que el Estado es necesario, aunque sea un Estado mínimo pero fuerte, pues es la garantía de que unos individuos no se pisoteen a otros (creo que Hobbes y Schopenhauer tienen razón: el Estado surge para poner freno al egoísmo de los individuos, esto es, su objetivo no es mejorar moralmente al ser humano (Hegel), sino hacer de freno ante las pasiones irrefrenables del ser humano: "El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer de suerte que tenga el aspecto de un herbívoro." - http://www.schopenhauer-web.org/citas.html). El Liberalismo económico me interesa, pues creo que ha sabido leer con gran acierto la naturaleza humana, a saber: el afán de lucro es el motor humano de la economía. Cómo fomentarlo sin llegar a pisotear al resto, sin caer en un capitalismo salvaje, ese es el objetivo.

    Como buen lector de Schopenhauer, no creo en las utopías ni tengo mucha fe en el ser humano. Intento, como decís vosotros, ocuparme de mi propio jardín al estilo del Cándido de Voltaire. No obstante, en mi corazón se enciende una llama de esperanza cuando leo a autores como José Antonio. Un libro que me gustó mucho fue "José Antonio: entre el odio y el amor" de Arnaud Imatz. Ahí se muestra a las claras que JA no era un visionario totalitario que quería crear un nuevo ser humano. No. JA era consciente de los límites de la naturaleza humana. Quizá se equivocara en muchas cosas, pero su defensa de la espiritualidad, de la justicia social, de España como unidad de destino en lo universal (proyecto en sentido orteguiano), sus críticas al capitalismo salvaje y al comunismo por ser teorías inhumanas cuyo objetivo es la nivelación absoluta del ser humano por abajo, el despojarlo de sus costumbres y raíces, la afirmación del homo oeconomicus como el único real; en definitva su defensa de que no somos meros productores en mundo cuantificado y desacralizado me gusta y me convence.

    En fin, siento la perorata que os he soltado. Sin embargo, me gusta saber que todavía quedan espacios (virtuales, al menos) donde se pueden encontrar gentes con inquietudes y que les importa un bledo lo políticamente correcto. El "man" de Heidegger.

    Un saludo.

    Pd: Orteguiano, pásame el link de tu blog, si no te importa.

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  21. Hola Schopi.
    Sí, yo he leído algo sobre Stuart Mill, sobre todo recensiones de libros y comentarios de otros autores. Recuerdo que me impactó el hecho (si no recuerdo mal) de que Mill no fuese a la escuela, sino que fuera educado y formado en casa por su padre. Precisamente por ello, por haber estado alejado de la influencia adoctrinadora del Estado, pudo ser un auténtico espíritu libre. Cada vez soy más partidario de la libertad individual, sobre todo desde que soy consciente de que los Estados tienen como fin último adoctrinar a la ciudadanía en granjas-escuelas (Peter Sloterdijk). Supongo que viviendo en Alemania conocerás algo de la obra del genial Sloterdijk.
    Yo llevo tiempo sosteniendo que José Antonio fue un liberal que devino falangista por imperativo de las circunstancias; por la urgente necesidad de crear alternativas a las difíciles y graves circunstancias del momento.

    El link a mi blog aparece a la derecha de esta página: "La España que hace daño".

    Saludos.

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  22. Gracias, Orteguiano. Echaré un vistazo al tu blog cuando tenga más tiempo. Desgraciadamente no he leído nada de Sloterdijk, pero sí algunas cosas sobre él que me parecieron interesantes. Él es el autor de la "crítica de la razón cínica", ¿me equivoco?. Por cierto, espero no estar importunando con mis comentarios y disgresiones. Un saludo a los dos.

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