diumenge, 15 de setembre de 2013

Asimov: el hombre y la máquina

“Una hipótesis debe ser corroborada por la razón, de lo contrario, carece de valor; y es contrario a todos los dictados de la lógica suponer que vosotros me habéis hecho (...). No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico... como esto -añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan-. Pasáis periódicamente a un estado de coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta vuestra eficiencia. Sois "alterables".
>Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.”


(ISAAC ASIMOV, YO ROBOT, CAPÍTULO 3)

Este magnífico texto de la novela Yo Robot de Isaac Asimov nos expone una reflexión sobre la fiabilidad de la lógica y sobre los criterios bajo los cuales debe juzgarse el valor de algo o alguien. El robot que argumenta, previamente, se ha preguntado por su existencia, a lo cual los científicos le han respondido que han sido ellos sus creadores, és decir, los que le han llevado a la existencia. El robot, primero muy desconcertado, posteriormente ofrece la reflexión aquí citada.

La conclusión del robot ("los humanos no habéis podido crearme porque yo soy más perfecto que vosotros") es, evidentemente, falsa. Y,  sin embargo, su lógica es poderosamente convincente. El problema es que parte de dos supuestos erróneos.

En primer lugar, la lógica es un elemento utilísimo para encontrar verdades, mas no es el único ni, tal vez, el más adecuado. La intuición, la Fe o la estética son tipos de conocimiento que pueden llevar a conclusiones tanto o más válidas que la lógica (o la razón). La lógica parte de unos presupuestos llamados axiomas y, a partir de éstos, desarrolla un razonamiento que pretende ser definitivo. El problema es cómo establecemos esos axiomas (es decir, esos enunciados incuestionables sin los cuales es imposible hacer un razonamiento lógico fiable).

Y ahí está el segundo error del robot: él juzga su valor en base a la perfección entendida como eficiencia y fortaleza física. El robot está programado para tomar decisiones con fundamentos algorítmicos y está dotado de una constitución física excelente que lo convierten en una magnífica máquina para resolver asuntos humanos para los que, paradójicamente, los propios humanos somos mucho más deficientes. En este sentido, sí es cierto que el robot es más perfecto que los humanos.

Sin embargo, hay otros ámbitos en los cuales el robot no es perfecto ni, tan siquiera, competente: la moral y la sensibilidad. Un robot sólo puede actuar de acuerdo con unos parámetros lógicos. Jamás podrá emocionarse ante una bella obra de arte ni, mucho menos, sustentará sus decisiones sobre una base moral. La estética y, sobretodo, la moral, son lo que más caracterizan el hombre y lo que marcan la diferencia respecto al resto de seres vivos. La moral no puede inculcarse algorítmicamente: es algo que apela no sólo a la razón y la lógica, sino a la emoción y, más aún, a la Fe.

Lamentablemente, en nuestra sociedad se da más importancia a los criterios que juzga el robot: el ciudadano debe prepararse para ser eficiente en lo que haga, para ser más fuerte y poder hacer la suya sin preocuparse de los demás. Se valora la inteligencia académica y los estudios más que la bondad moral de una persona. Quien ha tenido éxito y dinero (el eficiente) es el que tiene un reconocimiento social. El matemático y el ingeniero son los modelos a seguir; no así el artista o el poeta, que sólo se tienen en cuenta cuando han llenado sus bolsillos de gran cantidad de billetes.
Estamos deshumanizándonos, proceso que avanza paralelamente a la "desreligionalización". Cuanto más alejamos a Dios de nosotros, tanto más superficiales, materialistas e individualistas nos volvemos (en general, ya que por supuesto hay agnósticos y ateos que no son así). La religión (y, con ella, la moral entendida como algo absoluto), el arte y la poesía son aspectos del ser humano que están siendo marginados y totalmente desplazados en favor de la ciencia y el academicismo.

La prosa está aniquilando la poesía. Si no ponemos coto a esta situación, perderemos nuestro espíritu humano.

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