diumenge, 8 de setembre de 2013

La vida es sueño

"Y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
(...)
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."

(Calderón de la Barca, (1997)  La vida es sueño (segunda jornada, vv 2175-2187), P 157, Ed. Espasa, Madrid)

Estos magníficos versos del genial poeta Calderón encierran el si más íntimo del ser del Barroco: el pesimismo.  Pese a la distancia que nos separa de estos versos, empero, podemos captar un gran atisbo de actualidad. La historia de la Humanidad en estos más de 40 siglos nos ha mostrado cómo, a lo largo de nuestra existencia, los problemas más radicales siguen aún vigentes: desigualdad social, guerras, egoísmo, desorientación espiritual... A las épocas más doradas han seguido, irremediablemente, épocas oscuras, dejándose oir el eco del mito del Eterno Retorno en cada etapa de la Historia.
Parece que todo lo conseguido haya sido un sueño, y que el final de una época buena (si es que realmente las han habido) ha marcado el despertar del sueño para volver a la penosa vigilia.

La esclavitud dejó paso al vasallaje, que aseguraba el sustento del vasallo por parte del señor, aunque en condiciones que, en ocasiones, eran peores que las del esclavo antiguo. Del vasallaje se pasó a la libertad e igualdad ante la ley del liberalismo, siendo esta libertad e igualdad formales pero inexistentes realmente (el obrero sólo tenía la libertad de morirse de hambre ante la fábrica, dijo muy acertadamente José Antonio). Estas injusticias fueron la génesis de los socialismos (socialdemocracia, marxismo/comunismo y anarquismo), los cuales prometían una sociedad justa que aprovecharía los adelantos teconológicos e industriales para establecer la Igualdad y la Justicia Social. En realidad, la URSS se convirtió en un capitalismo de Estado con un gobierno tiránico, una nomenklatura privilegiada y una sociedad en la cual, si bien no había explotación laboral, había represión ideológica. Las sociedades capitalistas desarrollaron el Estado del Bienestar para contrarrestar la influencia que la URSS ejercía sobre las clases humildes. Finalmente, el capitalismo venció, pero el Estado del Bienestar se ha rebelado, con la actual crisis, como un muro de contención a las aspiraciones idealistas de los humildes para beneficiar a los de siempre. Un muro que ahora cae y muestra el auténtico rostro de ese supuesto "capitalismo del bienestar": a la hora de las dificultades, los ricos y poderosos son los que no se hunden en el pozo de miseria del resto de la población.

Así, tanto en la Historia Universal como en las diversas Historias nacionales de cada país, nos encontramos con que todo lo bueno es efímero, con la hipocresía de unos o el individualismo de otros. Todo lo bueno parece ser un sueño que, como tal, termina y vuelve a torcerse esa realidad que parecía haber mejorado. Por supuesto que hay cosas que han mejorado y se han mantenido (por ejemplo, la eliminación de los sacrificios humanos, la abolición total de la esclavitud, etc). Pero siempre veremos antiguas miserias que permanecen (¿realmente no hay esclavos actualmente?) y otras que resurgen (el retroceso social de la última década).

Al final comprendemos que la índole del ser humano es perseguir ideales que, como tales (son perfectos e inmutables) jamás se realizaran debido a nuestra imperfección idiosincrática. La única esperanza real absoluta que puede tener el ser humano es la vida en la Fe, cumpliendo las prerrogativas divinas y llevando una vida (en nuestro caso) auténticamente cristiana. Esto no excluye, por supuesto, luchar por ideas tales como la Justicia Social (no se puede ser cristiano sin luchar por ello). Hay que vivir y luchar por la familia, los amigos y la sociedad en general, para que todos seamos lo más felices posibles y para que nadie sufra las injusticias. Por supuesto. Pero hay que tener bien presente que lo único seguro es que moriremos, y que la vida posterior es la eterna. Y que el lugar que nos corresponda dependerá de cómo vivimos este sueño que es la vida terrenal.

5 comentaris:

  1. Dasein, te has referido a todo lo bueno en varias ocasiones: "todo lo bueno es efímero", "todo lo bueno parece ser un sueño"...
    Pero ¿qué es lo bueno? ¿Por qué consideramos buenos unos valores y malos a otros?

    ¿Quién decide la bondad de un valor?
    Dios o una "vida en la fe", respondes tú mismo. Pero... ¿Y si no tenemos fe verdadera y auténtica sino tan solo la necesidad de adquirir una fe utilitarista que nos permita justificar la bondad de determinados valores?

    Unamuno alude a la "vida es sueño" en su "Del Sentimiento Trágico de la Vida", en varias ocasiones. Argumenta que quizás seamos tan solo el producto onírico de un Dios que duerme; que duerme y nos sueña, haciéndose así la LUZ. La muerte nos llega cuando Dios deja de soñarnos. ¿Y si Dios se despertara? ¿Se haría la NADA? (me pregunto yo).
    Unamuno iguala creación con sueño o ficción, como en su magnífica "Niebla", donde el personaje del atormentado Augusto Pérez es soñado por el escritor (Dios) Unamuno.
    Unamuno era tan genial que supo diferenciar entre la fe auténtica, la del verdadero creyente, y la fe utilitarista, a la que se obliga quien solo ve posible su salvación y la de la humanidad a través de la creencia en Dios.
    Me has recordado a Unamuno y a su "Manuel Bueno", intentando defender la vida en la fe a pesar de su propias dudas agnósticas. O quizás me equivoque y tú seas, realmente, un auténtico creyente.

    ResponElimina
  2. Cada ser humano puede considerar un valor bueno o malo según su opinión u intereses. Pero no puede ser tan arrogante de considerar que su opinión personal constituye una verdad absoluta. Si no hay fe en Dios, no hay posibilidad de establecer valores absolutos.

    Yo, personalmente, llegué al catolicismo después de una carrera intelectual desde el ateismo. Miguel de Unamuno, con su "Sentimiento trágico de la Vida" y su "Agonía del Cristianismo" me hizo plantear seriamente el problema de Dios. Xavier Zubiri, con su "El Hombre y Dios" me hizo llegar al agnosticismo, pues comprendí lo difícil que era desplazar a Dios de la realidad formal del hombre. Paralelamente, leí el Nuevo Testamento y no pude más que aceptar sin ningún tipo de cuestionamiento los valores que ahí se expresean. Finalmente, Nietzsche me hizo comprender que si Dios no existe no hay valores absolutos, y me es imposible no considerar como valores absolutos la doctrina de Cristo. Posteriores reflexiones sobre el Universo, la Creación, el ser humano y su espíritu enriquecidas con obras teológicas y filosóficas hicieron el resto.

    Desde luego, mi fe no nació de una conversión rápida. Fue creciendo no sin grandes dificultades y dudas. Pero ahora me considero un creyente de verdad.

    ResponElimina
  3. ¡Qué envidia me das, Dasein! Yo sigo en ese estadio agnóstico de "querer y no poder", y eso a pesar de ser plenamente consciente de que sin fe en Dios no es posible establecer valores absolutos. Bien dijo Heidegger que "solo un Dios puede salvarnos".

    Saludos y feliz Diada.

    ResponElimina
  4. Así estaba yo hasta que Nietzsche me empujó violentamente al catolicismo. Recuerdo que se lo conté a un amigo una noche de borrachera en Peñíscola. "Así que Nietzsche te hizo católico". Manda huevos, pero es así (bueno, Nietzsche fue el remate, no la causa única).

    No debes envidiar. El quererlo ya es bonito. Y siendo creyente no tienes un espíritu tranquilo...¡es una lucha constante entre lo que quieres y lo que debes hacer! Querer ser como CRisto desde la imperfección humana es la tarea más chunga de cuantas me he propuesto. Ahora entiendo por qué Unamuno define el cristianismo como una "agonía" (lucha) constante.

    Saludos! Yo esta diada la pasaré en mi casa mientras la mayor parte de mis amigos y familiares van a la cadena humana...en cambio, el 12 de Octubre seré el único que saldré a la calle, jejejeje.

    ResponElimina